En la víspera de la celebración de la anacrónica fiesta del primero de Mayo, el Gobierno facilitaba la cifra de trabajadores/as en situación de paro: 4.910.200 personas, a las que hay que sumar todas aquellas que no han trabajado nunca y están a la expectativa de poder ocupar algún puesto de trabajo, así como todos aquellos que el Gobierno tiene en situación de paro camuflados en cursos a los que le denominan de “formación”. A esta escandalosa cifra habría que sumar, por lo menos, 900.000 personas más (no sé si me quedo corto).
Cuando al principio digo anacrónica fiesta, lo digo con más o menos razón, ya que esta fiesta es feriada para todo quisqui, sea trabajador o no, y la misma sólo es celebrada por los delegados, delegadas, jefes, jefecillos, liberados del trabajo per seculam seculorum, de los subvencionados sindicatos afines al Gobierno, con la asistencia (aunque les jode bastante a todos, ya que les fastidia el posible puente) a la manifestación del mediodía del 1 de Mayo. Si se celebrara a las 5 o 6 de la tarde de ese día, estoy en la completa seguridad, que no asistiría ni el tato.
Estamos ante una etapa en la historia del mundo del trabajo (antes llamado mundo obrero) en que muchos son los puestos de trabajo a desaparecer, como ocurrió con la revolución industrial, y es mucha la población improductiva que por el mero hecho de estar en este mundo tienen derecho como personas a la alimentación, vivienda, sanidad, educación, etc. etc., véanse los Derechos fundamentales de la persona (nacidas y no nacidas).
A la crisis económica que ahora nos castiga y que el Gobierno de España no supo reconocer ni ver en su momento, como hicieron muchos de los países, se le une ahora la revolución virtual, que al igual que la revolución industrial, quedará eternamente desocupados a una parte muy importante de la población mundial y sin expectativas de ocupar un puesto de trabajo a todos aquellos que nunca han trabajado.
La revolución virtual ya ha llegado, está en nuestra vida diaria, la tocamos como si fuera real, que lo es, la tenemos en nuestros hogares, en nuestros medios de transporte, en la escuela, en el trabajo (los que lo tengan), en la sanidad, etc. etc., encaminada a “facilitarnos a vivir más cómodamente y con mejores expectativas de vida”, eso son los slogans que a diario escuchamos, pero esta nueva revolución nos lleva a crear más gente desocupada, con mayor tiempo para el ocio y con menos dinero por la baja productividad de esta sociedad virtual.
Ahora les toca a los futuros gobiernos, no cito a las sanguijuelas de los sindicatos, de tratar que esta gran población desocupada real, que no virtual, subsista y sea atendida en sus más elementales derechos que les asisten como personas. Esta es la cruel y dura realidad.
A.B.








